6.1 Informes de Países
Cada delegación preparó
con antelación al Seminario un informe nacional, de acuerdo a
la pauta que se les envió oportunamente. Se les solicitaba recolectar
información sobre las principales tendencias de la evolución de
la pobreza en su país y reflexionar sobre las instituciones y
políticas nacionales para dar respuesta a este fenómeno. Se motivaba
también a las delegaciones a analizar su situación nacional desde
una perspectiva de género. A través de este ejercicio, se pretendía
iniciar un proceso de reflexión, que posteriormente se profundizaría
durante el seminario, facilitando la elaboración de estrategias
nacionales. Igualmente, el ejercicio serviría para crear lazos
al interior de cada delegación -en muchos casos sus integrantes
no se conocían entre sí- y para facilitar el intercambio de ideas
y experiencias entre los cinco países, puesto que todos trabajaron
sobre la base de la misma pauta.
A continuación se exponen
las principales ideas presentadas por cada delegación, en base
a la pauta de trabajo.
1.- Tendencias generales
sobre la situación de pobreza
La década de los años noventa
se inicia con altos niveles de pobreza (cerca de un 45% de la
población del Gran Buenos Aires bajo la Línea de Pobreza en 1990),
los que posteriormente tienden a disminuir, aunque en forma no
sistemática.
Se detectan importantes
diferencias territoriales en cuanto a la incidencia de la pobreza,
las que favorecen a las ciudades más grandes del país. Estas disparidades
regionales se asocian tanto a los niveles de ingreso familiar
como a la presencia de NBI.
2.- Factores asociados
a la situación de pobreza
Proceso hiperinflacionario,
que alcanza su punto máximo en 1989.
El nivel de empleo y la
distribución del ingreso son factores estructurales que inciden
sobre los niveles de pobreza. Respecto al primer factor se observa
que la inserción desfavorable en el mercado laboral (desempleo,
subempleo, precarización) y la informalidad (bajos salarios) representan
tendencias de largo plazo, que afectan en mayor medida a las mujeres.
A partir de datos referidos
al Gran Buenos Aires, se indica que la concentración de los ingresos
ha aumentado desde 1992, después de un comportamiento irregular
durante la década de los años ochenta. Esta situación afecta en
mayor medida a los hogares a cargo de mujeres; quienes además
perciben ingresos del trabajo inferiores a los hombres (-24% en
1991 y -26% en 1999).
En un marco de creciente
importancia de los hogares a cargo de mujeres, el Método del Ingreso
muestra una también creciente incidencia de la pobreza entre los
mismos, presentándose la tendencia contraria en el caso de aquellos
a cargo de hombres (Gran Buenos Aires).
Bajos niveles de escolaridad
de los pobres. Aunque considerando el total de población no se
verifica una situación desfavorable para la mujer, en el caso
de los jefes/as de hogar pobres, las mujeres tienen menor escolaridad.
Mayores tasas de fecundidad
en algunas regiones, que implican menores ingresos per capita
familiares.
3.- Pobreza, género y empleo
en las políticas y agenda públicas
Si bien, el tema de género
se encuentra en un nivel todavía precario de desarrollo y visibilidad,
más presente a nivel de personas que de instituciones, existen
algunos programas que lo incorporan. Por otra parte, el problema
de la pobreza y la desigualdad ha ganado una espacio creciente
en la agenda social, constituyendo un tema priorizado, en especial
durante los años noventa. En 1998, el Gasto Público Social representó
un 17,5% del PIB, incluyendo políticas sociales universales y
focalizadas en los sectores más desfavorecidos.
Algunos de los programas
y políticas orientadas a la generación de empleo y/o al mejoramiento
de la situación de las mujeres que se destacaron, fueron las siguientes.
- Políticas del Gobierno
Nacional: a) Servicios Comunitarios III, dependiente del Ministerio
de Trabajo y Seguridad Social, "destinado a brindar ocupación
transitoria a trabajadores(as) desocupados(as) para realizar proyectos
de servicios sociales a la comunidad, orientados a mejorar la
calidad de vida de la población, en particular la de menores recursos".
Actualmente, en estos proyectos se incorpora un 90% de mujeres
(preferentemente jefas de hogar) y capacitación en oficios "no
tradicionales" para mujeres. b) Programa de Atención a Grupos
Vulnerables, dependiente de la Secretaría de Desarrollo Social,
que tiene tres componentes: viabilización del acceso a servicios
sociales, fortalecimiento institucional y atención a la población
indígena. Se pretende promover las capacidades de los grupos vulnerables
y las de las instituciones que los representan o que trabajan
con ellos, a través de un modelo de gestión participativo, integral
y decentralizado. Respecto de las jefas de hogar, que son uno
de los cinco grupos vulnerables considerados, se realizan acciones
relativas a mejoramiento de infraestructura para cuidado infantil,
apoyo escolar para sus hijos, capacitación en oficios tradicionales
y no tradicionales, mejoramiento de la vivienda, y talleres de
sensibilización sobre la problemática de la mujer y salud reproductora.
c) Consejo Nacional de la Mujer, que depende directamente del
Presidente, elabora e impulsa políticas orientadas a una mayor
igualdad entre hombres y mujeres, coordinándose con las distintas
áreas del Estado, tanto a nivel nacional como provincia y municipal.
- El Gobierno de la Ciudad
de Buenos Aires impulsa numerosos programas orientados a la formación
para el trabajo, algunos de los cuales contemplan entre sus objetivos
la temática de género o se focalizan en mujeres. Por ejemplo,
el Programa de Becas para la Formación para el Trabajo, entre
otros aspectos pretende "concientizar acerca de los derechos
ciudadanos y las diferencias de género"; y, el Programa Meta.
Mujeres Entrenadas en Tecnologías Aplicadas, focalizado en mujeres
jefas de hogar.
- Por parte de la sociedad
civil, se destaca la creación del Instituto de la Mujer de la
Confederación General del Trabajo de la República Argentina (1992),
con el propósito central de formar cuadros de dirigentes con conciencia
de género y teniendo como principal preocupación la defensa de
los derechos de las trabajadoras. Desde el sector empresarial,
la Unión Industrial Argentina, a través de su Subcomisión de la
Mujer y el Trabajo, pretende desarrollar estrategias orientadas
a mejorar la posición y desempeño de las mujeres empresarias y
ejecutivas.
4- Debate
Durante el debate que,
por razones de tiempo fue breve, se aludió a las diferencias entre
lograr una amplia participación de mujeres y considerar la dimensión
de género en los programas, a los problemas asociados a la sustentabilidad
de los mismos (puesto que, entre otros aspectos, surgen como experiencias
piloto; suponen cambios significativos en materia de institucionalización
y gestión; incorporan capacitación en oficios no tradicionales
para mujeres) y a la importancia de las mujeres como empleadoras.
1.- Tendencias generales
sobre la situación de pobreza:
Número creciente de personas
viven bajo la Línea de Pobreza -50,9 millones en 1979 y 69,8 millones
en 1990, de los cuales 34 millones son indigentes-, en este último
año, un 40% de las familias tenían ingresos per capita inferiores
a dicho parámetro.
El norte, el nordeste y
las zonas rurales son las más afectadas por la pobreza.
2.- Factores asociados
a la situación de pobreza
Alta desigualdad en la
distribución del ingreso; en los años noventa, el ingreso medio
de personas pertenecientes al 10% más rico de la población es
30 veces mayor que el ingreso medio del 40% más pobre.
Mala calidad de los empleos;
entre 1991 y 1998, se crearon 1,2 millones de empleos de los cuales
casi 1 millón corresponde al sector informal.
Disminución de la capacidad
de compra del salario mínimo; en 1994 representaba el 102,4% de
la canasta básica, cifra que en 1998 era de 82,0%.
El perfil de los trabajadores
que reciben un salario mínimo o menos se caracteriza por una alta
proporción en los sectores servicios y agricultura; mayor peso
relativo de las mujeres; baja escolaridad (26,0% son analfabetos);
casi la mitad reside en el nordeste.
Respecto de la situación
específica de la mujer se destaca que representa un 43% de la
PEA; registra mayores tasas de desocupación; y, un aumento de
la jefatura de hogar femenina (13% en 1970 y 20,1% en 1989).
3.- Pobreza, género y empleo
en las políticas y agenda públicas
En el marco de una historia
nacional marcada por la exclusión social, con escasos períodos
de democracia, existen esfuerzos recientes por incorporar las
políticas públicas (desigualdad y pobreza) en la agenda política,
lo que implica un aparato institucional en construcción. Dichos
esfuerzos contemplan también el Diálogo Social.
En el ámbito de las políticas
de empleo se distingue entre políticas públicas activas (i.e Plan
de Calificación del Trabajador, Democratización del Crédito) y
políticas públicas universales (i.e. Educación, Salud).(8)
Se pretende que las políticas sean descentralizadas,
tripartitas y paritarias; un ejemplo es el Fondo de Amparo al
Trabajador. Adicionalmente, se considera que debe ponerse el acento
en las políticas universales, lo que no impide reconocer la necesidad
de definir criterios para delimitar el acceso a los recursos para
ciertos grupos (i.e. la población perteneciente al primer cuartil
debe ser sujeto preferente de intervención).
Se está tomando conciencia
de que la mujer, en particular la mujer negra, es la más perjudicada,
pero esto aún no se traduce en la incorporación de la perspectiva
de género en el diseño de políticas y programas, tampoco en la
evaluación de los mismos.
4- Debate
En el debate posterior
a esta presentación, se resaltó la importancia del tripartismo,
como un fenómeno de desarrollo reciente en el país (que se debe
fortalecer) y de la construcción de actores sociales en general
(sindicalismo y otros). No obstante lo anterior, dada la "perversidad"
de la organización del trabajo, se requiere fiscalizar el cumplimiento
de la ley por parte del Estado y de un trabajo de sensibilización
hacia los empresarios para que consideren cuestiones de ética
social. Estos temas se asociaron con la necesidad de dar mayor
relevancia al papel del sector empresarial en el Paquete Modular.
Por último, respecto a la disyuntiva entre políticas universales
y focalizadas se argumentó que las primeras permiten institucionalización
mientras que las segundas pueden considerarse como un asistencialismo
disfrazado, que difícilmente supera la condición de programas
temporales o de emergencia. Desde esta perspectiva, se considera
que el género puede ser abordado indirectamente, en la medida
que las mujeres tengan presencia entre los sectores con mayores
dificultades (i.e. alta presencia de negros y mujeres entre los
desocupados).
1.- Tendencias generales sobre la situación
de pobreza
Durante los años noventa
se registra una baja significativa de la proporción de población
en situación de pobreza (38,6% en 1990 y 21,7% en 1998); sin embargo,
entre 1996 y 1998, se observa un estancamiento en el ritmo de
disminución de la pobreza.
2.- Factores asociados
a la situación de pobreza
El ritmo de crecimiento
económico, más que por acción de las políticas sociales, aparece
como el principal determinante de la baja (y estancamiento) de
la pobreza absoluta, lo que obliga a revisar las políticas que
se han implementado con este propósito. (9)
En relación con lo anterior,
es importante considerar que el 80% del empleo lo genera el sector
privado y que los programas sociales dirigidos a la población
de escasos recursos no necesariamente llegan a los más pobres.
La alta concentración del
ingreso ha permanecido sin cambios durante la década.
3.- Pobreza, género y empleo
en las políticas y agenda pública
En el ámbito de las políticas
se presenta un panorama negativo. A pesar de que desde 1990, con
la llegada de la democracia, la superación de la pobreza es un
tema relevante de la agenda pública, se toman medidas y diseñan
programas para enfrentarla (como el Programa Nacional de Superación
de la Pobreza, la creación del Consejo Nacional para la Superación
de la Pobreza, instancia que, convocada por el Presidente de la
República, agrupa a diversos representantes de la sociedad civil),
no se alcanzan los resultados esperados.
Como dificultades principales
se menciona que el Estado no logra la necesaria coordinación entre
ministerios y servicios, por una parte, y distintos niveles de
intervención (local, regional, nacional), por otra, y que el proceso
de descentralización es lento.
Se carece de políticas
de empleo propiamente tales, existen políticas activas para fomentar
el empleo. Entre estas se cuentan los programas de capacitación
laboral de jóvenes, de mujeres jefas de hogar, el Programa de
Desarrollo Rural y el Programa de Apoyo a la Microempresa. La
actual crisis económica ha llevado a centrarse en políticas y
programas dirigidos a disminuir el desempleo.
Algunas de las dificultades
que, en mayor o menor medida, afectan a los programas mencionados
se relacionan con los contenidos de la capacitación laboral (pertinencia);
la focalización (se dirigen a población de bajos ingresos pero
no llegan necesariamente a los más pobres); los organismos ejecutores
(privados) no necesariamente reúnen el nivel de expertizaje técnico
y la vocación requerida para que se cumplan los objetivos de los
programas sociales; salvo excepciones (Programa de Apoyo a Mujeres
Jefas de Hogar), los programas contemplan insuficientemente o
simplemente no consideran la perspectiva de género en su diseño
y/o implementación.
4- Debate
A partir de la experiencia
negativa del Programa Nacional de Superación de la Pobreza, en
el debate se hizo hincapié en la fragilidad de las políticas sociales
frente a las macroeconómicas y en la incapacidad de integrarlas.
Se rescató, sin embargo, la importancia del Consejo Nacional para
la Superación de la Pobreza, como instancia que logró ciertos
consensos, a pesar de su heterogénea composición; característica
que, a su vez, le ha impedido incorporar el tema de género. Se
reconoce que esta dimensión no está presente en los programas
públicos orientados a disminuir la pobreza o crear empleo, a pesar
de la alta presencia de mujeres.
1.- Tendencias generales sobre la situación
de pobreza
En 1997/98, un 32,1% de
población vive en situación pobreza y un 17, % en situación de
indigencia.
La pobreza es más extendida
y más profunda en las áreas rurales: el ingreso promedio de los
pobres rurales cubre el 50% del costo de la Canasta Básica de
Consumo, cifra que en Asunción, por ejemplo, alcanza a 76%. El
moderado incremento de la pobreza registrado entre 1995 y 1997/98,
se explica precisamente por las tendencias registradas en las
áreas rurales (con un aumento de 37% a 43%).
2.- Factores asociados
a la situación de pobreza
Factores de índole sociodemográfico,
tales como tamaño del hogar (mayor entre los pobres); incremento
de la jefatura femenina; baja participación laboral femenina entre
los pobres urbanos; alta deserción escolar entre los jóvenes en
situación de pobreza; niveles de escolaridad insuficiente de la
población en edad productiva, tasas de analfabetismo más alta
entre las mujeres.
Factores asociados al empleo,
entre los que se mencionan: 57% de la PEA en el sector informal
(68% en el caso de las mujeres); segmentación del mercado laboral,
que entre otros problemas se traduce en una alta proporción de
mujeres ocupadas en sectores de baja productividad (60% frente
a sólo un 41% de los hombres); brecha salarial entre ingresos
de hombres y mujeres.
En síntesis, educación,
sexo y etnia se identifican como los principales determinantes
de la pobreza.
3.- Pobreza, género y empleo
en las políticas y agenda públicas
El problema de la pobreza
se considera como un tema prioritario de la agenda pública, existiendo
propuestas para encararlo desde diversos sectores. En este marco,
el Diálogo Social es un mecanismo, todavía incipiente, que se
está implementado desde el Estado ("Consejo de Diálogo Social
Tripartito para la Política Laboral y la Concertación Social").
La visibilidad de la relación género-pobreza, aunque creciente,
no se ha traducido aún en acciones concretas ni transversales.
Se describen políticas
y programas orientados a combatir la pobreza y generar empleos,
impulsados por distintos sectores:
- Desde el Gobierno: a)
Programa de Lucha contra la Pobreza, "Oñondivepá",
una iniciativa interinstitucional, focalizada geográficamente
(preferentemente áreas rurales) cuyo objetivo general es eliminar
la pobreza extrema. En el corto plazo este Programa, iniciado
en 1999, contempla provisión de infraestructura y servicios básicos,
promoviendo simultáneamente la autogestión y cooperación para
lograr sustentabilidad (creación de Centros Integrados de Acción
Comunitaria). b) Programa de Formación y Capacitación Laboral,
orientado a incrementar la productividad y los ingresos de jóvenes
de escasos recursos (que ingresan al mercado laboral o se encuentran
desocupados) y la capacidad gerencial de los pequeños y micro
empresarios. Este Programa depende del Ministerio de Justicia
y Trabajo y contempla la participación del sector privado. c)
Proyecto Red CIDEM (Centros de Iniciativas y Desarrollo para
la Mujer), dependiente de la Secretaría de la Mujer, que se
plantea como objetivo general mejorar las condiciones de vida
de las mujeres de comunidades rurales e indígenas, aumentando
su participación activa en el desarrollo del país.
- Desde el Sector Empresarial:
a) la Asociación Paraguaya de Empresarias, Ejecutivas y Profesionales
(APEP), fundada en 1991, impulsa algunas estrategias para combatir
la pobreza y generar empleos, que se sustentan principalmente
en la formación y capacitación de mujeres (socias y no socias)
que les permitan mejorar o crear su empresa. b) la Federación
Paraguaya de Microempresarios/as, FEPAME, entrega asesorías y
servicios para mejorar la calidad de vida de este sector; un 45%
de los usuarios son mujeres, especialmente madres solteras y/o
jefas de familia.
- Desde el Sector Sindical:
la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, implementa programas
de formación y capacitación laboral, entre cuyos beneficiarios/as
se encuentran trabajadores cesantes, jóvenes que buscan empleo
por primera vez y pequeños productores.
4.- Debate
En el debate se destaca
la importancia de que, con vistas a su sustentabilidad, las políticas
que vinculan pobreza, género y empleo se asocien a proyectos de
desarrollo local (lo que remite al proceso de descentralización
y al carácter integral que deben tener dichas políticas) e incorporen
el tema de ciudadanía y la toma de conciencia acerca de las relaciones
de género.
1.- Tendencias generales sobre la situación
de pobreza
Un15% de los hogares urbanos
se encuentra en situación de pobreza (91% de la población reside
en áreas urbanas); la pobreza "reciente" (asociada a
la pérdida de ingresos y expresión del deterioro social) es la
más importante. La medición de la pobreza a través de las NBI
muestra una baja significativa.
La población menor de 18
años está sobrerepresentada entre los pobres (más del 40% de los
pobres en Montevideo y sobre el 50% en el interior), a diferencia
de lo que ocurre con la población mayor de 60 años.
2.- Factores asociados
a la situación de pobreza
Desigual distribución del
ingreso; en Montevideo, los niveles de ingreso de los pobres son
4,5 veces menos que los correspondientes a los más ricos.
Aunque la pobreza no afecta
especialmente a los hogares con jefatura femenina, hay otros indicadores
que muestran su situación de vulnerabilidad (i.e. la mayoría de
los niños/as de la calle son parte de este tipo de hogares).
Existe también una interrelación
entre embarazo adolescente y pobreza.
3.- Pobreza, género y empleo
en las políticas y agenda públicas
No existe una política
integral de combate a la pobreza, sólo políticas y programas sectoriales
(i.e. infancia, familia, alimentación, vivienda); esta descoordinación
es extensiva a las políticas sociales en general. El bajo perfil
de las políticas para disminuir pobreza se asocia, entre otros
factores, a la disminución del problema, medida por indicadores
convencionales, descuidándose otras dimensiones asociadas al mismo
(i.e. ciudadanía, violencia, niños de la calle). Por otra parte,
los pobres, concentrados en asentamientos urbanos precarios, no
logran articular una demanda lo que se traduce en políticas asistenciales
(desarticulación del tejido social en general).
Tampoco hay una orientación
hacia la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres; la
disponibilidad de datos por sexo es escasa o nula (excepto en
relación con la Previsión Social), ocurriendo algo semejante con
otras variables tales como grupo etáreo o agrupación geográfica.
Algunos de los programas
relacionados con el empleo que se destacan son los siguientes:
- La Dirección Nacional
del Empleo, dependiente del Ministerio del Trabajo, tiene un Programa
de Capacitación Laboral, focalizado en desempleados y subempleados.
En este marco, existe una discusión respecto a la pertinencia
de la acción positiva con mujeres y su impacto sobre la igualdad
de género; el fortalecimiento de las entidades que capacitan para
que incorporen la perspectiva de género es también un tema de
preocupación.
- La Intendencia Municipal
de Montevideo implementa desde 1997 un proyecto para promover
la inserción socio-laboral de jóvenes excluidos (hombres y mujeres
de 12 a 24 años), enmarcado en el proceso de descentralización,
para crear espacios para el desarrollo personal y social de las/los
participantes. Este proyecto contempla talleres pre-ocupacionales,
ocupacionales y prácticas laborales.
4.- Debate
En el debate, se destaca el peso que tiene
el envejecimiento de la población del país sobre las políticas
sociales; aunque la inversión social es alta (23% del PIB), la
mayor parte se destina a seguridad social. La alta incidencia
de la pobreza entre niños y jóvenes se está abordando a través
de políticas educacionales que evitarían la reproducción del fenómeno
(i.e. ampliación de la cobertura de la educación preescolar);
una alternativa que se plantea frente a esta perspectiva es un
tratamiento integral del problema. Por otra parte, se hace hincapié
en que la "nueva pobreza" está estrechamente relacionada
con el empleo, lo que afecta en mayor medida a las mujeres (ocupaciones
inestables, sin cobertura previsional). Se cuestiona, por último,
el rol que está jugando el Estado para abordar la relación pobreza-empleo
a través de las políticas sociales y se plantea la necesidad de
que se consideraran otros mecanismos de intervención (i.e. Estado
productor, políticas de desarrollo de las empresas, regulación
de relaciones laborales).