En América Latina y el Caribe el interés,
compromiso y participación de las organizaciones de trabajadores en la formación
profesional hoy es notoriamente más alto que dos décadas atrás, en particular si se
observa, por un lado, el empeño y rigor puesto en el tratamiento del tema, y las
modalidades y espacios de participación, por otro. En rigor, habría que decir que estas
organizaciones siempre han adoptado, como un aspecto central dentro de su agenda
reivindicativa, el de extender el acceso a la educación de toda la población como un
mecanismo para asegurar una mejor distribución de oportunidades en materia de empleo,
ingreso y desarrollo personal y social. Las organizaciones de trabajadores también han
sostenido un marcado protagonismo a lo largo de la historia de la formación profesional
de la región. Sin embargo, en éste último campo, la participación sindical ha conocido
altibajos que tuvieron directa relación con los contextos políticos, sociales y
económicos por los cuales atravesaron tanto la formación profesional como las
organizaciones sindicales. Éstas fueron parte fundamental de los esfuerzos pioneros en la
región, que resultaron en el surgimiento de gran parte de las instituciones de formación
profesional nacionales y continuaron acompañando su desarrollo a través de su
participación en las instancias directivas de muchas de esas entidades.
Dicho compromiso se vio, sin embargo, afectado a
partir de mediados de los años setenta por diversos factores: en primer lugar, los
retrocesos observados en varios países en materia de libertades públicas en general y de
libertades sindicales en particular, afectaron la capacidad de acción de estas
organizaciones en varios planos.
En segundo término, el cambio en las formas de
inserción internacional de las economías nacionales, mediante políticas de apertura
comercial, trastocó profundamente las características de los mercados de trabajo y de
las relaciones laborales. Si hasta entonces la base de representación de estas
organizaciones estaba constituida básicamente por asalariados industriales, urbanos y de
sexo masculino, a partir de estos procesos comenzó a producirse una pérdida de la
importancia relativa del sector industrial en términos de empleo; se incrementó la
participación de la mujer en la fuerza de trabajo; y también el peso de nuevas formas
contractuales creciendo, a la vez, el autoempleo, la informalidad y el desempleo. Este
cúmulo de situaciones llevó a que muchas organizaciones sindicales encontraran serias
dificultades para adecuar sus formas de acción y su propia organización a las nuevas
condiciones, a la vez que disminuyeron de modo sustancial sus márgenes de negociación en
varios sentidos.
En tercer término, junto con las anteriores
transformaciones, se difundieron en la región nuevas concepciones acerca de las
estrategias de desarrollo económico y de la gestión del trabajo y la producción que
diferían profundamente de los anteriores paradigmas productivos. Ellas, si bien ponían
fuerte énfasis en los temas de tecnología y calificación, tendieron a situar la
capacitación como un vector vinculado casi de modo exclusivo a las estrategias de
productividad y competitividad, objetivos normalmente ligados a la perspectiva
empresarial. Este hecho llevó a que, en no pocas oportunidades, los sindicatos tendieran
a visualizar la formación para el trabajo como una herramienta más al servicio del
capital y que impartirla debía ser, en todo caso, responsabilidad de las empresas más
que de los trabajadores.
Es así que se constata un punto de inflexión por
el cual, lo que hasta mediados de los años setenta había sido una participación pareja
de los actores empresariales y sindicales (aunque en contextos de fuerte intervención del
Estado), se transformó en un paulatino distanciamiento de las organizaciones de
trabajadores de decisiones y acción en materia de formación profesional, a la vez de
constatar un creciente protagonismo empresarial en este campo. Dicho panorama comenzó a
modificarse, en un sentido positivo, durante los últimos años en virtud de una serie de
factores que conviene enumerar:
Se produce un nuevo giro conceptual que
restituye a la formación y a la capacitación su lugar dentro del escenario educativo,
acercando a sus actores y arreglos a los sistemas de educación regular, y propendiendo a
la construcción de una nueva idea: la de educación a lo largo de toda la vida. En la
medida en que se le reconoce a la formación su carácter de hecho educativo, se visualiza
también en ella a un instrumento para la construcción de una ciudadanía moderna y
democrática.
La emergencia de las nuevas formas de
organización del trabajo y la producción que colocan al factor conocimiento en el centro
de las estrategias de competitividad y productividad, han hecho también que la
calificación sea una clave fundamental en el acceso al empleo. Si bien la formación no
parece asegurar de modo directo la creación de más empleo, sí es posible actuar en el
sentido de que se produzca un acceso equitativo a las oportunidades de formación y, por
esa misma vía, se contribuya a alcanzar mayores niveles de equidad social en lo que tiene
que ver con el acceso al empleo, el ingreso y el desarrollo personal y social.
El vínculo explícito que en los nuevos
sistemas de relaciones laborales asume la capacitación y la formación con temas como el
empleo o el ingreso, hace que se abra un espacio de acción a las organizaciones
sindicales que les permita destrabar una situación donde progresivamente iban perdiendo
margen de negociación. Conocer más de cerca cuáles son los desafíos y problemas
actuales de la empresas y las economías nacionales y qué papel desempeñan allí las
políticas de formación, otorga a las organizaciones de trabajadores mayor información
y, por lo tanto, mayor poder, para incidir activamente en los diversos ámbitos de
negociación, sean éstos a nivel de empresa, de rama, nacionales, y aun internacionales.
Este mayor involucramiento de las organizaciones
sindicales en los espacios institucionales relacionados con la formación y la
capacitación, se revela tanto en términos de avances conceptuales como en el plano de la
acción. Se comprueba un notorio incremento de instancias especializadas en el tema en las
diversas organizaciones sindicales de la región; se realizan diagnósticos e
investigaciones y se producen documentos de análisis y de propuesta sindical en el tema.
Cada vez más se organizan talleres, foros y seminarios sindicales donde se aborda el tema
de la formación en sí, y en sus vinculaciones con otros temas estratégicos para el
sindicato. Las actividades de formación sindical incorporan también el tema de la
formación profesional y se comienza también a discutir cuál debe ser el vínculo entre
uno y otro tipo de formación.
En términos de participación sindical en la toma
de decisiones y en la ejecución de acciones de formación, es posible identificar una
amplia gama de experiencias -incipientes unas y, otras, más desarrolladas- pero que
demuestran en todos los casos que el actor sindical está decidido a constituirse en
protagonista en el campo de la formación. A continuación se detallan, de modo sucinto,
algunas de las principales formas que actualmente asumiendo la participación sindical en
materia de formación:
La incorporación del tema de la formación
profesional en los convenios colectivos -ya vista en el capítulo I- ha sido en buena
medida el resultado de la preocupación sindical por el tema y su consecuente presión en
las negociaciones para incluir cláusulas que aseguren el acceso a la formación por parte
de los trabajadores.
Otro tanto puede decirse sobre la nueva
legislación del trabajo, donde la consagración de la formación profesional como derecho
fundamental de todos los ciudadanos responde, en muchos casos, a la activa participación
y presión del actor sindical.
La revitalización de la participación
sindical en las instancias directivas de las IFP de varios países, estimulada en gran
parte por los procesos de focalización sectorial de estas instituciones, facilitan la
participación de niveles intermedios, como las federaciones de los sectores respectivos.
Eso es comprobable en los comités de cúpula y los comités de enlace existentes en el
INA, de Costa Rica; y en las instancias decisorias de muchas instituciones de formación
profesional de la región: INFOTEP (República Dominicana), INAFORP (Panamá), INFOP
(Honduras); INATEC (Nicaragua); INTECAP (Guatemala); SENA (Colombia); SNPP (Paraguay);
INCE (Venezuela); SENAR (Brasil), entre otras.
El surgimiento de experiencias de gestión
directa de instituciones, fundaciones y programas de formación profesional de parte de
los sindicatos. Son ejemplos de ello, en Argentina, la Fundación de Capacitación para la
Construcción dependiente del sindicato de la construcción (UOCRA), así como los
emprendimientos en los sindicatos de comercio y servicios, seguros, mecánicos, etc. En
este país las organizaciones de trabajadores que llevan a cabo actividades sustantivas de
formación institucionalizadas se nuclean en torno al «Foro Sindical para la
Capacitación Integral de los Trabajadores» que actúa en el ámbito del Instituto Arturo
Jauretche de la Confederación General del Trabajo (CGT). En Brasil, las tres principales
centrales de ese país (CUT, Força Sindical y CGT), llevan adelante programas de
formación, tanto a nivel central como a través de los sindicatos de rama afiliados.
Resulta muy importante el peso que han llegado a alcanzar dentro de la oferta total de
formación las experiencias gestionadas por los sindicatos. Esto es particularmente claro
en Argentina, donde la oferta de formación profesional que han desarrollado los
sindicatos ha sido la única que ha alcanzado en el país una permanencia y una cobertura
significativa. De hecho, y aun cuando todavía existía el CONET, la oferta de los
sindicatos superaba en matrícula a la oferta pública total de formación profesional.
La participación de representantes
sindicales en instancias tripartitas generadas a nivel de los Ministerios de Trabajo y que
se ocupan, entre otros temas, de la formación y la capacitación. Ejemplos de ello son,
entre otros: la Junta Nacional de Empleo (JUNAE) instancia tripartita que funciona en la
órbita del MTySS (Uruguay); la participación sindical en los Consejos de Administración
del Fondo de Amparo al Trabajador (CODEFAT) en los niveles nacional, estadual y municipal
(Brasil); la participación en el Consejo Nacional de Capacitación, de conformación
tripartita, cuyo objeto es asesorar al MTyPS, de Chile, en la elaboración de la política
nacional de capacitación.
En México se ubica otra experiencia
tripartita, que también incorpora la participación de las Secretarías de Trabajo y
Previsión Social, y de Educación Pública, es el Consejo de Normalización y
Certificación de Competencia Laboral (CONOCER), que responde al interés por lograr la
participación de todos los actores y apoyar la conformación y desarrollo de una
formación basada en normas de competencia y a su certificación.
El surgimiento de las primeras experiencias
de gestión bipartita de la formación en la región, dentro de las cuales importa
destacar la constitución, en Uruguay, de la Fundación de Capacitación de los
Trabajadores y Empresarios de la Construcción.
La participación en nuevas instancias
bipartitas creadas a nivel de empresa y reglamentadas legalmente: las Comisiones Mixtas de
Capacitación y Adiestramiento, de México, y los Comités Bipartitos de Capacitación,
establecidos en Chile a partir del mencionado Estatuto de Capacitación y Empleo, que
instituye que los programas acordados con el comité bipartito de la empresa, darán
derecho a ésta a acceder al beneficio de descontar hasta un 20 % adicional al monto del
gasto imputable, además del monto de los gastos de capacitación.
Algunas centrales sindicales han logrado,
además, desarrollar instancias institucionales que, entre otros, se ocupan de la
investigación en el campo de la formación y temas conexos, producen y alimentan
conceptualmente a los sindicatos sobre el particular en este tema, y son en cierta medida
«usinas» de propuestas para estas organizaciones que buscan incidir activamente en los
ámbitos donde se discute y negocia en materia de formación profesional. Ejemplo de ello
son: el Instituto Arturo Jauretche, de la CGT argentina; el Departamento Intersindical de
Estadística y Estudios Socioeconómicos (DIESSE) de las tres principales centrales
sindicales brasileñas; y el Instituto de Altos Estudios Sindicales (INAESIN) de la
Central de Trabajadores de Venezuela (CTV).
A nivel internacional, las dos principales
organizaciones sindicales regionales, la Organización Regional Interamericana de
Trabajadores (ORIT/CIOSL) y la Confederación Latinoamericana de Trabajadores
(CLAT) han puesto en el tapete de la actual discusión sindical el tema de la
formación, tanto en el discurso de sus dirigentes principales como mediante las acciones
de formación sindical y de sensibilización que se desarrolla en los últimos tiempos.
Esta enumeración es sólo una parte de los ejemplos
que, en una descripción más exhaustiva, sería dable citar, pero los ejemplos insertos
en ella ya ponen de manifiesto el gran esfuerzo que el actor sindical desarrolla en
América Latina y el Caribe para involucrarse crecientemente en el campo de la formación
profesional. Esto es algo auspicioso y positivo para las organizaciones sindicales; pero
también lo es, y fundamentalmente, para la propia formación. La participación de los
sindicatos contribuye significativamente a equilibrar el juego de intereses dentro de la
formación, de por sí tensionada por los diferentes objetivos a los cuales debe
contribuir. Entre otros aspectos, los sindicatos pueden aportar en el sentido de
desarrollar concepciones y prácticas integradoras que contribuyan a reducir el riesgo de
polarización de nuestras sociedades; esto se refiere tanto a las personas como a la
empresas. A las personas: para evitar que se profundice la separación entre las que
tienen acceso al conocimiento y al empleo y aquellas que están condenadas a la exclusión
social. A las empresas: contribuyendo a que no se consolide una situación en la cual unas
cuentan con buenas políticas de recursos humanos y hacen de la flexibilidad y la
competitividad un lema transversal en todos sus ámbitos, mientras que otras no invierten,
se rigidizan, no se modernizan y están condenadas a desaparecer en un mercado
competitivo, aumentando así el problema del desempleo.